Hacia la Costa Atlántica

Es muy poco habitual que los oriundos de la zona no rememoren los veranos en las playas de Royan y los balnearios de los alrededores. El océano bordea la Saintonge, la isla de Oléron está al alcance de un puente, las calas de la costa rocosa dan paso a largas playas de arena. Los caminos que llevan «al mar» por la «tierra de Leonor de Aquitania», tal y como se conocen por aquí, disfrutan de estos contrastes y reservan agradables sorpresas al visitante.

El Castillo de La Roche-Courbon

El Castillo de La Roche-Courbon

En Saint-Porchaire, entre el Arnoult y el Charente, el Castillo de La Roche-Courbon recuerda a un cuento de hadas. Fue el escritor Pierre Loti quien lo recuperó tras un largo abandono y lo bautizó como el «Castillo de la Bella Durmiente». Sus elegantes jardines de estilo francés nos harán sentir como en el siglo XVII. El castillo se encuentra rodeado de un bosque milenario que esconde grutas prehistóricas y que bordea las extraordinarias marismas de Bouille Bleu.
En Nieul-les-Saintes, el castillo medieval del siglo XIV evoca un periodo más convulso. Los pozos, las murallas flanqueadas de torres cuadradas y los puentes levadizos cuidadosamente restaurados desatarán la imaginación de los amantes de las fortalezas. El valle de Arnoult nos conduce, bajo la sombra de los álamos, hasta Pont-L’Abbé-d’Arnoult. Esta localidad, priorato de la abadía de las Damas y fortaleza durante el siglo XIII, conserva las huellas de una época en la que la Saintonge oscilaba entre Francia e Inglaterra, uno de los mejores ejemplos de ello es la imponente puerta de la villa. Más allá se extienden las marismas que bordean la costa, entre el Charente y los márgenes del Seudre, donde se cultivan ostras.
Pont-L’Abbé-d’Arnoult

Pont-L’Abbé-d’Arnoult

La abadía de Sablonceaux

La abadía de Sablonceaux

Una vez llegado a este río, desviándose hacia los campos y las praderas cuajadas de bosquecillos y de setos vivos, debemos hacer una parada en la abadía de Sablonceaux. La historia de la abadía, fundada en el siglo XII por la orden del Duque de Aquitania, ha trascurrido entre momentos de ruina y de reconversión, de abandono y de renovación sin que la edificación haya perdido ni un ápice de su elegante belleza. El campanario y el coro góticos, los vanos románicos de la sala capitular y los edificios conventuales que rodean un extraordinario ejemplar de nogal americano (clasificado como árbol singular), velan al tranquilo paisaje.
El paseo termina en uno de los viñedos que salpican toda la región. El Ecomuseo de la aldea de Pirelonge agrupa a los viticultores y a los destiladores, que trabajan en esta tierra desde el siglo XVIII. Deje que le guíen, en francés e inglés, y descubra la Saintonge rural y el proceso de elaboración del coñac.
El Ecomuseo de la aldea de Pirelonge

El Ecomuseo de la aldea de Pirelonge